El responsable del café

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Nací en Mahón, isla de Menorca, en 1970. Estudié Delineación y Geografía e Historia, pero ejercí durante años multitud de empleos del más variado pelaje. También frecuenté desde muy joven los ambientes teatrales y culturales de mi isla natal, desempeñándome como actor, cantante lírico, locutor de radio y articulista de prensa. Desde entonces he venido ejerciendo el columnismo y la crítica literaria en numerosos medios, obteniendo en 1994 el premio Mateo Seguí Puntas de periodismo. Poeta oculto, como narrador he publicado las novelas "En algún lugar te espero" (accésit del Premio Gabriel Sijé, 2000) y "Hospital Cínico" (2013), y los libros de relatos "Las espigas de la imprudencia" (Bcn, 2003) y "Domingos buscando el mar" (Premio Café Món de Narrativa, 2007). Cuento además con un puñado de premios y menciones en certámenes nacionales de cuento (Revista Mujer 21, El Fungible, Casa de Andalucía, Francisco Candel, Internacional Max Aub, etc.) y algunos de mis relatos figuran en varias antologías. Desde 2002 vivo y escribo en Hospitalet de Llobregat.

domingo, 19 de febrero de 2012

El brillo de un guijarro en el barro

Espera a la primavera, Bandini
John Fante
Anagrama, Compactos. 216 pág. 7 euros
           Tal y como aseguran esas obras maestras del ingenio que son las cartas de rechazo de las editoriales, el mundo editorial está plagado de equívocos. Si ellos lo dicen no seré yo quien afirme lo contrario. Será que tienen mala conciencia, lo cual no me extraña nada viendo los truños que algunas publican sin ruborizarse. En efecto, el mundo editorial está sembrado de errores, pero también sus aledaños, principalmente el campo de la crítica (entonemos un mea culpa), incapaz ésta de vislumbrar muchas veces el grano entre la paja. Sólo ello podría explicar, en parte, que un autor como John Fante (1909-1983) pasara desapercibido en vida y que tardara décadas en traducirse al castellano. Esto no sucedió hasta el año 2000 o 2001, cuando la siempre lúcida Anagrama inició la publicación de la tetralogía Bandini, alter ego del propio Fante. Para entonces el autor ya había sido reivindicado como uno de los más importantes novelistas americanos del siglo XX. ¿Que les suena esta historia? Por supuesto.
            Fante, hijo de humildes emigrantes italianos, se ganó la vida como guionista en el Hollywood dorado y aunque publicó un puñado de novelas, apenas se le prestó atención. Murió ciego, mordido por la diabetes que le tenía atado a una silla de ruedas con las piernas amputadas. ¿Qué les sigue sonando? Claro.
            La tetralogía Bandini está compuesta por las novelas “Espera a la primavera, Bandini” (1938), “Pregúntale al polvo” (1939, probablemente la mejor de ellas), “Camino de Los Ángeles” y “Sueños de Bunker Hill”. Fuera de la tetralogía habría aún que mencionar novelas notables como “La hermandad de la uva” o “Al oeste de Roma”. De todas ellas sólo la que nos ocupa obtuvo algún reconocimiento. Las demás fueron sistemáticamente ignoradas en vida de Fante.
Reivindicado por Bukoswski como el auténtico padre del realismo sucio (membrete que creo que le hace flaco favor), su prosa descarnada, desnuda y directa le sitúa ciertamente en los antecedentes de Carver, Ford, David Foster Wallace y otros, pero su contenido social le hermana también con autores tan dispares como Dos Passos, Steinbeck o el nazi Knut Hamsun. Sirva todo ello de mera referencia, porque John Fante posee un estilo peculiar, donde la tragedia y la farsa apenas se sueltan de la mano, donde la violencia y el optimismo se asocian en mitad de un escenario siempre difícil y hostil, con personajes que tienen mucho de dostoievskianos y que despliegan ante el lector todo el muestrario de dobleces, miserias y sinsentidos del alma humana.
           El argumento de “Espera a la primavera, Bandini” es simple. Arturo Bandini, hijo de emigrantes italianos, tiene 14 años cuando, en mitad de un crudo invierno de nieve en el que escasea el trabajo, su padre albañil acaba largándose de casa para acabar viviendo accidentalmente con una viuda rica. El peso de la culpa inculcado por una madre fervorosamente católica y el asfixiante mundo de privación en que debe desenvolverse su vida hacen de Bandini un ser al tiempo soñador y cruel, contradictorio y conmovedor, el producto justo de una América desmembrada y empobrecida tras la Gran Depresión que logra que el Holden Caulfield de Salinger se nos antoje un malcriado de escuela de pago. El miedo, la culpa y la redención asolan las páginas de esta novela, al mismo tiempo llena de la sutil belleza que desprende el brillo de un guijarro entre el barro. Con unos diálogos ágiles, que escapan del habitual tono engolado y casi de tebeo de la mayoría de las novelas de su tiempo (y del nuestro), en un lenguaje vivo, callejeado, real, Fante colocó con esta novela inicial la primera piedra de esa peculiar revisión del mito del sueño americano que es en realidad toda la tetralogía Bandini.
                                                    (Publicado en la Revista Literaria La Bolsa de Pipas, nº Enero-Marzo)

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