El responsable del café

Mi foto
Nací en Mahón, isla de Menorca, en 1970. Estudié Delineación y Geografía e Historia, pero ejercí durante años multitud de empleos del más variado pelaje. También frecuenté desde muy joven los ambientes teatrales y culturales de mi isla natal, desempeñándome como actor, cantante lírico, locutor de radio y articulista de prensa. Desde entonces he venido ejerciendo el columnismo y la crítica literaria en numerosos medios, obteniendo en 1994 el premio Mateo Seguí Puntas de periodismo. Poeta oculto, como narrador he publicado las novelas "En algún lugar te espero" (accésit del Premio Gabriel Sijé, 2000) y "Hospital Cínico" (2013), y los libros de relatos "Las espigas de la imprudencia" (Bcn, 2003) y "Domingos buscando el mar" (Premio Café Món de Narrativa, 2007). Cuento además con un puñado de premios y menciones en certámenes nacionales de cuento (Revista Mujer 21, El Fungible, Casa de Andalucía, Francisco Candel, Internacional Max Aub, etc.) y algunos de mis relatos figuran en varias antologías. Desde 2002 vivo y escribo en Hospitalet de Llobregat.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Más allá del frío



       Si aceptamos que el horror exclamado por Kurtz es aquel que cada uno lleva dentro y si el aviso de Camus de que ya no quedan islas induce a pensar que las más recónditas geografías se hallan en el interior del ser humano, entonces tendremos la ecuación de esta novela. Una historia, dicho sea de paso, que hace reencontrarnos con aquellas aventuras clásicas de travesías marítimas y destinos inhóspitos. De todo eso hay en Polaris, pero sobre todo hay culpa, miedo, huida y búsqueda de redención. Fernando Clemot, narrador poderoso y alejado de las blandas corrientes argumentales y formales que hoy parecen el magro pan nuestro de cada día, ha sabido reducir a las dimensiones de un barco las miserias y las pocas bondades que afloran en todo grupo humano condenado a convivir, describiendo a la perfección las rencillas, la incomunicación, las frustraciones y las débiles esperanzas de unos seres cargados de traumas y soledades que, alejados de la civilización, se han encontrado con algo peor: con ellos mismos.
Polaris
Fernando Clemot
Salto de Página, 187 pág.
            El Eridanus es un vetusto barco de prospecciones anclado en la lejana y desértica isla de Jan Mayen, en el Océano Ártico. Después de una serie de graves sucesos a bordo, dos oscuros representantes de la compañía para la que trabajan se erigirán en jueces y verdugos en un afán discutible por esclarecer, a través de unos interrogatorios propios de un régimen policial, lo sucedido. La novela se desarrolla a través del testimonio embarullado del doctor Christian, el médico del barco, un hombre psicológicamente agotado y físicamente enfermo, temeroso, inestable y con heridas del pasado aún supurando. Sin duda uno de los grandes aciertos de la novela radica en la minuciosa construcción de este personaje, contradictorio y casi entrañable en su fragilidad, para lo cual Clemot ha desplegado todos sus amplios recursos de narrador. A través de su relato, casi un monólogo sólo interrumpido por las preguntas de sus interrogadores, el doctor Christian da cuenta de su propia vida, de su traumática experiencia bélica y de sus viajes anteriores, dejando al descubierto debilidades y zozobras de una dolorosa humanidad.
            Se ha citado, aquí y en otras partes, la influencia de la ineludible novela de Conrad El corazón de las tinieblas, quizá no tanto por la afinidad marítima de la historia como por la indagación que Clemot hace del funcionamiento de los mecanismos del poder. También podríamos citar, sin embargo, la única novela de Poe, ese viaje de Arthur Gordon Pym hacia un horror que el de Boston dejó aparentemente inacabado como para hacer hincapié en el hecho de que lo terrible es indescriptible. Tampoco Clemot nos cuenta del todo el final del doctor Christian, cuyo desenlace habremos de imaginar o intuir, enteleridos (y no sólo de frío).
          Y, en fin, ahora es cuando uno debe escribir aquella tontada de “estamos ante una estupenda novela de género”. Pero no: Polaris es una magnífica novela, sin géneros que valgan. Una novela de las de antes, de las siempre. 

No hay comentarios: