El responsable del café

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Nací en Mahón, isla de Menorca, en 1970. Estudié Delineación y Geografía e Historia, pero ejercí durante años multitud de empleos del más variado pelaje. También frecuenté desde muy joven los ambientes teatrales y culturales de mi isla natal, desempeñándome como actor, cantante lírico, locutor de radio y articulista de prensa. Desde entonces he venido ejerciendo el columnismo y la crítica literaria en numerosos medios, obteniendo en 1994 el premio Mateo Seguí Puntas de periodismo. Poeta oculto, como narrador he publicado las novelas "En algún lugar te espero" (accésit del Premio Gabriel Sijé, 2000) y "Hospital Cínico" (2013), y los libros de relatos "Las espigas de la imprudencia" (Bcn, 2003) y "Domingos buscando el mar" (Premio Café Món de Narrativa, 2007). Cuento además con un puñado de premios y menciones en certámenes nacionales de cuento (Revista Mujer 21, El Fungible, Casa de Andalucía, Francisco Candel, Internacional Max Aub, etc.) y algunos de mis relatos figuran en varias antologías. Desde 2002 vivo y escribo en Hospitalet de Llobregat.

jueves, 24 de enero de 2013

Homicidios Involuntarios


La pregunta que debemos hacernos es esta: ¿es posible imaginar la historia de una asesina en serie que no posea maldad ninguna? Parece casi contradictorio, pero la madrileña Isabel Camblor lo ha hecho en su última obra, galardonada con el Premio Internacional Ciudad de Barbastro de Novela Corta 2012. Y yo podría afirmar que se trata de la crónica de una depresión y quedarme tan ancho, pero sería sin duda una visión parcial e incompleta.
Memoria de la inocente niña homicida
Isabel Camblor
Pre-textos, 2012. 194 pág.

En “Memoria de la inocente niña homicida” (título, en mi opinión, quizá demasiado explícito), Elena vive a los siete años un suceso trágico que marcará su vida y sus actos desde entonces. Llegada a la universidad oriunda de un pequeño pueblo, se verá enfrentada a una realidad hostil que chocará con su natural candor y que la obligará a levantar lentamente un muro de contención mental del que no hay salida posible. Pero tras ese adarve propio la lógica funciona de manera espontáneamente autónoma, justificando cualquier acto que esté encaminado a mantener ese equilibrio interior. Por eso, pese a las punibles acciones que Elena irá desplegando, la protagonista no deja de caernos simpática, moviéndonos a la ternura y a la sonrisa, a la lástima y al escalofrío.
Escrita con un estilo sencillo y directo, no exento de humor agridulce, en el que se pueden rastrear influencias lejanas y variopintas que podrían ir desde los niños tontos de Matute a los hermanos gemelos de Kristof, Isabel Camblor (no en vano con un master en Psicología Clínica) ha sabido trazar en su libro el retrato oscuro de una psicopatía compleja, gestionada por su protagonista desde una inocencia e ingenuidad aplastantes.
En el fondo asistimos a la historia de una huida hacia delante, a una evasión de la realidad, de la locura, quizá de la verdad. Y lo mismo que le sucede a Don Quijote cuando al final recupera la lucidez por un momento, la imposición terrible de lo evidente llevará a Elena a su particular caída. Una novela, pues, sobre nuestros más íntimos y acendrados abismos interiores.

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