El responsable del café

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Nací en Mahón, isla de Menorca, en 1970. Estudié Delineación y Geografía e Historia, pero ejercí durante años multitud de empleos del más variado pelaje. También frecuenté desde muy joven los ambientes teatrales y culturales de mi isla natal, desempeñándome como actor, cantante lírico, locutor de radio y articulista de prensa. Desde entonces he venido ejerciendo el columnismo y la crítica literaria en numerosos medios, obteniendo en 1994 el premio Mateo Seguí Puntas de periodismo. Poeta oculto, como narrador he publicado las novelas "En algún lugar te espero" (accésit del Premio Gabriel Sijé, 2000) y "Hospital Cínico" (2013), y los libros de relatos "Las espigas de la imprudencia" (Bcn, 2003) y "Domingos buscando el mar" (Premio Café Món de Narrativa, 2007). Cuento además con un puñado de premios y menciones en certámenes nacionales de cuento (Revista Mujer 21, El Fungible, Casa de Andalucía, Francisco Candel, Internacional Max Aub, etc.) y algunos de mis relatos figuran en varias antologías. Desde 2002 vivo y escribo en Hospitalet de Llobregat.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Las oscuridades de la amistad



         La recuperación tardía de las obras de Joseph Roth, y quizás el oportuno Nobel de 2002 otorgado a Imre Kertész, puso de evidencia no sólo el poco y parcial conocimiento que se tenía de la literatura húngara del último siglo, sino también de muchos autores centroeuropeos esenciales del XX. Por supuesto, en nuestro país la existencia de títulos disponibles era casi nula, puesto que las traducciones no empezaron a gotear hasta entrados los años 90. En lo que a la literatura húngara respecta, ésta fue ampliamente perjudicada por la unión a base de esparadrapo que supuso en viejo imperio austrohúngaro y, igual que sus países vecinos, por las consabidas purgas comunistas que no ayudaron a difundir las obras, mayormente prohibidas, de sus principales escritores, muchos de los cuales fueron sistemáticamente silenciados y conocieron exilio y desarraigo. La recuperación de este legado trajo consigo descubrimientos valiosísimos para la historia literaria europea, y en el caso de Hungría los libros de Magda Szabó, Agota Kristof o Sándor Marái comenzaron a circular en todos los idiomas con el parabién unánime de la crítica.
El último encuentro
Sándor Márai
Salamandra, 175 pág.
         Márai, nacido en una pequeña localidad que hoy forma parte de Eslovaquia, escribía en húngaro pese a su dominio absoluto del alemán, y en realidad gozó de gran fama en la década de los años 30 y hasta la llegada del estalinismo, que se encargó de apagar su estrella y obligarle a marchar. Sus libros dejaron de editarse y cayó en un olvido profundo durante décadas. Sólo el fin del régimen lo desempolvó y volvió a situarle en el lugar de honor que le correspondía, suponiendo un verdadero acontecimiento literario en la mayoría de países donde se tradujo. El autor, sin embargo, no regresó nunca a su país y se suicidó en 1989 en EEUU, donde se había nacionalizado, apenas unos meses antes de la caída del muro de Berlín. Este hecho luctuoso propició la reivindicación masiva de su obra y Márai pasó a ser considerado uno de los novelistas europeos más importantes del siglo XX.
         Su obra más famosa (éxito en Francia, Italia, e incluso en España en 1999) es “El último encuentro”, editada en 1942, la historia de dos viejos amigos que se reúnen de nuevo después de 41 años separados. Ambos han llevado existencias muy distintas, uno de ellos en Oriente y otro encerrado en su castillo del bosque, donde tiene lugar el reencuentro. Pese a su dilatada amistad, desde el principio planea sobre ellos la tácita complicidad de un hecho oscuro que en el pasado cambió la vida de ambos para siempre. La traición y la venganza, largamente esperada por parte de uno de ellos, irán asomando con lentitud en un combate de rememoraciones y reproches que envenenarán el encuentro.
         Con una prosa tendente a los circunloquios, espesa y en ocasiones aún deudora de un estilo decimonónico (no en vano Márai había nacido con el siglo), pero perfectamente trazada y ejecutada, la novela se desliza a través de largos monólogos y constantes disquisiciones que, sin embargo, no empañan la atractiva sensación de estar andando sobre un peligroso lago helado. El final de una época suntuosa y la extinción de una burguesía anclada todavía en un nostálgico pasado subyacen en cada página como un responso por el finito imperio, mientras la mentira, el desengaño y la infamia van sustituyendo los viejos códigos del honor y la camaradería. 

Con la parsimonia de un halcón sobre su presa, sin precipitaciones ni vacilaciones, Márai acaba trazando un dibujo gris de la decadencia física y moral de la vieja Europa posterior a la segunda Gran Guerra, un escenario ocupado por los fantasmas del ayer y la más honda desesperanza.   

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