El responsable del café

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Nací en Mahón, isla de Menorca, en 1970. Estudié Delineación y Geografía e Historia, pero ejercí durante años multitud de empleos del más variado pelaje. También frecuenté desde muy joven los ambientes teatrales y culturales de mi isla natal, desempeñándome como actor, cantante lírico, locutor de radio y articulista de prensa. Desde entonces he venido ejerciendo el columnismo y la crítica literaria en numerosos medios, obteniendo en 1994 el premio Mateo Seguí Puntas de periodismo. Poeta oculto, como narrador he publicado las novelas "En algún lugar te espero" (accésit del Premio Gabriel Sijé, 2000) y "Hospital Cínico" (2013), y los libros de relatos "Las espigas de la imprudencia" (Bcn, 2003) y "Domingos buscando el mar" (Premio Café Món de Narrativa, 2007). Cuento además con un puñado de premios y menciones en certámenes nacionales de cuento (Revista Mujer 21, El Fungible, Casa de Andalucía, Francisco Candel, Internacional Max Aub, etc.) y algunos de mis relatos figuran en varias antologías. Desde 2002 vivo y escribo en Hospitalet de Llobregat.

martes, 27 de enero de 2015

Una Antártida en el alma



       En las páginas de esta novela corta, como no podría ser de otra manera, hace mucho frío. Se te hielan las manos y te humea la respiración. Intuyes que hay algo oculto a punto de estallar, una falsa paz de nieve que precede al alud. Pero, en realidad, la tragedia ya ha sucedido y su onda expansiva se ha instalado en el interior de los personajes, unos personajes que se hallan unidos por el cordón umbilical de la pena, la culpa, la soledad y la desgracia, incapaces de hallar descanso y redención. David Aliaga (Hospitalet de Llobregat, 1989) desgrana con pulso firme y directo la desolación de cada uno de los implicados, aparentemente ajenos entre sí, hurgando de forma sutil pero implacable en sus atormentadas psiques.

Hielo. David Aliaga

Paralelo Sur Ediciones, 115 pág. 10 euros
         Hielo es una más que notable novela de personajes, donde el hilo argumental, por otra parte muy simple, queda supeditado a las posibles alteraciones de la acción conductual de los protagonistas, seres vapuleados por un acontecimiento traumático de su pasado que afrontan a través del silencio, la evasión y la huida.
         Este es el debut en la novela de Aliaga, autor anteriormente de un libro de relatos y un ensayo. Vaya por delante que, en opinión del que esto escribe, la precocidad artística nunca debe ser reconocida por sí sola como una cualidad, del mismo modo que tampoco ha de mover forzosamente a la indulgencia crítica. La juventud de un autor resulta poco menos que una simple curiosidad biográfica y no es necesario recurrir a conocidísimos ejemplos de incipiente genialidad como Rimbaud o Radiguet. Javier Marías, sin ir más lejos, publicó su primera novela con 19 años y Luis Goytisolo obtenía el premio Biblioteca Breve a los 23, la misma edad que contaba su hermano Juan cuando publicó “Juego de manos” o Vargas Llosa cuando aparecieron sus magníficos relatos de “Los jefes”. La historia de la literatura está, por tanto, llena de excelentes obras primerizas que anticipan ya una trayectoria brillante, lo mismo que de libros bisoños que jamás debieron publicarse. Ahora bien, dicho esto y respecto a Aliaga, creo estar en condiciones de afirmar que si alguien es capaz de escribir así a sus 25 años cabe esperar mucho y bueno de él en el futuro. 

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