El responsable del café

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(Mahón, isla de Menorca,1970). Desde muy joven he venido ejerciendo el columnismo y la crítica literaria en numerosos medios, obteniendo en 1994 el premio Mateo Seguí Puntas de periodismo. Actualmente soy colaborador de la revista Librújula (Premio Nacional al Fomento de la Lectura, 2023). Poeta oculto, como narrador he publicado las novelas "En algún lugar te espero" (accésit del Premio Gabriel Sijé, 2000. Reeditada en ebook en 2020, Amazon), "Hospital Cínico" (2013) y "Summertime blues" (finalista del premio Ateneo-Ciudad de Valladolid, 2019); y los libros de relatos "Las espigas de la imprudencia" (Bcn, 2003) , "Domingos buscando el mar" (Premio Café Món de Narrativa, 2007) y "Sopa de fauno" (2017). En el año 2019 apareció el recopilatorio de artículos sobre literatura "Libros dedicados". He obtenido un puñado de premios y menciones en certámenes nacionales de cuento y algunos de mis relatos figuran en varias antologías. Desde 2002 vivo y escribo en Hospitalet de Llobregat.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Amok o la desesperación


   Si de las muchas cualidades de la literatura de Zweig hubiera que señalar sólo una, sin duda esta sería el trazo psicológico tan certero que logra imprimir en sus personajes a través de muy pocas páginas, especialmente (aunque no solo) en los femeninos. Zweig fue, ante todo, un conocedor de almas, un rastreador de los abismos que asolan al ser humano. Así lo demostró a lo largo de su extensa obra narrativa, incluyendo sus incisivas  biografías históricas y sus ensayos. Como muy pocos (y pienso ahora en Chejov, por ejemplo), Zweig poseía la capacidad de penetrar en el subconsciente humano para mostrarnos al desnudo sus miedos, flaquezas y obsesiones. En este sentido, la obra del autor vienés ha mantenido una actualidad y un interés sólo comparable al que siguen suscitando Joseph  Roth, Kafka, Mann y otros muy pocos autores de su tiempo.
Amok. Stefan Zweig.
Acantilado, 222 pág.

   Además de sus conocidas novelas, Zweig dejó valiosas narraciones breves entre las que sobresale siempre Amok. Historia de una obsesión y de un delirio, Zweig pone en ella lo mejor de su talento para ofrecernos una vez más un brillante ejemplo de la fragilidad (física y psicológica) del hombre contemporáneo enfrentado a los riscos pedregosos de la razón. El volumen publicado por Acantilado (¿quién si no?) y primorosamente traducido por Joan Fontcuberta, se completa con otras seis sugestivas narraciones: Historia de un ocaso, La cruz, Un vago, La calle del claro de luna, Leporella y Episodio en el lago Leman. En todas ellas figuran personajes extraños, derrotados y desnortados, absortos en sus pasiones y en sus miserias, que Zweig impregna de humanidad y de mezquindad como quien abre un muestrario de seres zarandeados por el azar caprichoso y volandero de la vida.

   Leer al maestro Stefan Zweig, a la par que gratificante, nos regala siempre la lucidez insobornable de uno de los autores que mejor supo entender el desvarío de una época convulsa que tanto empieza a parecerse a la nuestra.

sábado, 20 de mayo de 2017

Siempre hemos vivido en el castillo

Como suele suceder, Shirley Jackson era una desconocida entre nosostros hasta hace bien poco. Murió demasiado joven y ese manto de silencio que siempre está dispuesto a posarse como un sudario sobre la memoria de los justos, no tardó en dejar su obra cubierta igual que mueble de desván. Reivindicada
Siempre hemos vivido en el castillo
Shirley Jackson
Minúscula, 204 pág.
finalmente por maestros del terror como Stephen King, y recuperada en un volumen para la prestigiosa Library of America por Carol Oates, Jackson no ha tardado en vivir un nuevo resplandor que la ha situado justamente entre las grandes voces del gótico sureño norteamericano.
La editorial Minúscula se ha encargado en castellano de ir editando su obra: , Cuentos escogidos, La maldición de Hill House, y esta inquietante novela que nos ocupa, Siempre hemos vivido en el castillo (1962). 
Con una prosa hilvanada igual que una sutil pero tupida tela de araña, Jackson nos sumerge lentamente en un mundo lleno de traumas soterrados y grietas por donde asoma la locura. Para ello nos abre la puerta de la casa de la extraña familia Blackwood, un linaje maldito debido a un suceso truculento que sucedió en el comedor familiar seis años atrás. La historia, contada por la pequeña de la saga, la solitaria y soñadora Merricat, termina convirtiéndose en una pesadilla pegajosa y desasosegante que acaba por impregnarlo todo y que perfilará, sin mostrarlo de frente, la silueta negra del monstruo que vive en cada uno de nosotros. 
Una novela magníficamente narrada, con una cadencia que alberga los más funestos presagios, pero sin una gota de sangre ni un sólo fenómeno paranormal, y que, sin embargo, nos habla de algo que da mucho más miedo por su proximidad: las profundas tinieblas del alma humana. 

miércoles, 29 de junio de 2016

El invierno lo sabe


Estaciones de invierno
Adrián Bernal
Libros en su tinta, 68 pág.

                Confieso que uno ya se pierde con esto de la poesía contemporánea. Entre la postpoesía, la metapoesía, la poesía visual y los exabruptos líricos del greñudo cantautor de turno, todo parece remitir al conocido verso de Nicanor Parra en el que se afirma aquello de que “todo es poesía menos la poesía”. En efecto, la poesía es muchas cosas y ninguna, pero la trasgresión no es un valor artístico en sí mismo y sin el poder de la evocación no hay nada. Entre la mucha paja, en la nueva poesía española hay también grano (no siempre reconocido por aquellos que deberían detectarlo). En las últimas décadas han aflorado más jóvenes poetas que lectores de poesía, me temo. Esto, en el fondo, no es nuevo. Y quizá no ha ayudado tampoco el afán desmedido de ciertas editoriales y sus premios (Hiperión y Adonais sobre todo) por ir a la caza del nuevo Rimbaud patrio. Algunos son intuitivos pero han leído más bien poco. Otros, en cambio, son capaces de aunar envidiable conocimiento y cultura con frescura y talento.
                La voluntariosa editorial Libros en su Tinta nació con la voluntad de dar voz y salvavidas a autores que, en medio del huracán editorial, achican agua para no acabar en el cementerio marino. Adrián Bernal (Alicante, 1983) es uno de esos navegantes aguerridos, y su nuevo poemario, “Estaciones de invierno” da cuenta de ello. Escribe Bernal cosas como “(…) dejar de temer el alba/como la certidumbre de la nieve”, y escapa a inviernos que son estados emocionales repletos de guiños literarios, musicales y culturales. En algunos de sus poemas más narrativos hay una tendencia discursiva que nos evoca al viejo Whitman y, por efecto rebote, a Lee Frost y a ciertos poetas beats. Como músico que también es, según reza en la nota biográfica de la solapa, Bernal posee el don de la musicalidad, algo que demasiadas veces parece olvidarse y que da al poema una armonía definitoria. Sus versos se leen bien, suenan bien, trascienden la mera lectura rutinaria, ¿qué más se puede pedir?
                Como decía arriba, uno se pierde ya en la cosa poética, como en tantas otras. Es difícil saber si Bernal llegará a consolidarse como el buen poeta que sus versos anuncian, pero creo que en cuanto se despoje de las últimas amarras de sus maestros y asuma plenamente su propia voz, ésta se dejará oír con contundencia.     

viernes, 20 de mayo de 2016

Violeta en breve


Ciudad violeta
Juan Gaitán
Ilustraciones de Juan Carlos Hidalgo
Adeshoras, Madrid, 106 pág.

En la eterna teorización sobre la naturaleza del microcuento se ha podido llegar a conclusiones dispares que sobre todo han contribuido a señalar lo que no sería un micro (véase, la simple ocurrencia o el aforismo afortunado). En efecto, por un lado existe la exigencia de una necesaria tensión narrativa. Por otro, la posibilidad de un halo poético que a la narrativa extensa se le escurre. Estos 44 microrrelatos de Juan Gaitán (Málaga, 1966) tienen de lo uno y de lo otro. Son brevísimos textos que nos van insertando en la leyenda y la épica de una fantástica ciudad cuya peculiaridad reside en su color. La contraportada nos da las pistas de sus influjos, que efectivamente nos remiten a Calvino, a Perucho o a Cunqueiro, autores todos que cultivaron la veta fantástica. A esta heterogénea lista podríamos incluir a la Mercè Rodoreda cuentista (especialmente en “Viajes y flores”), a Carpentier, y a algunos autores más contemporáneos (Atxaga, Xuan Bello…). 
 Gaitán, también poeta, ha sabido dejar en estos relatos un poso lírico que lo acerca por momentos a la poesía en prosa. El gusto por el color que evocan las palabras y el juego que con ellas se establece es otro de los recursos utilizados por el autor malagueño, que amplía su capacidad fabuladora a las partes “Teogonía” y “Genealogía fantástica”, donde nos da cuenta de algunos de los curiosos dioses invocados en la Ciudad Violeta y también del árbol genealógico de la familia. Todo ello ha conformado un librito delicioso que, junto a las bellas ilustraciones del también malagueño Juan Carlos Hidalgo, se lee de un tirón con placer y nos reconforta en la necesidad de la fantasía, la mitología y la fábula.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Cronopio a la fuga


   Aunque esta monumental y esperada biografía de Cortázar tenía que haber aparecido mucho antes, Miguel Dalmau se encontró de frente con un toro que no había previsto tener que torear: la primera esposa del gran cronopio, la traductora Aurora Bernárdez, heredera de sus derechos. Con el libro ya prácticamente compuesto en el sello Circe, la señora Bernárdez puso todos los impedimentos que pudo para que el libro saliera, incluido insertar citas. La edición tuvo que retirarse ante la amenaza de posibles demandas y Dalmau hubo de rehacer el libro, un libro ni complaciente ni hagiográfico, polémico sin duda en muchas de sus consideraciones, que de ningún modo podía ser del agrado de la viuda. Por fin, la biografía pudo salir, sin una sola fotografía interior.     
Julio Cortazar
Miguel Dalmau
Edhasa, 639 pág.
      
      En efecto, el libro de Miguel Dalmau (Barcelona, 1957) es una disección meticulosa que, en ocasiones, roza el análisis psicoanalítico. En sus páginas nos encontramos a un Cortázar humano, con sus miedos, sus extrañas pulsiones suicidas, sus manías, sus tendencias sexuales escabrosas, y asistimos a su evolución política y social, al peso que en su vida tuvo una familia compuesta por mujeres que dependían de él, la relación casi incestuosa con una hermana inestable o sus desencuentros tempranos con Argentina. Dalmau, biógrafo incisivo e implacable, desmonta el mito del cronopio santurrón que se creó en torno a la figura y el posterior recuerdo de Cortázar. Y lo hace desde un respeto no exento de admiración y comprensión. Su trabajo se basa especialmente en leer entrelíneas las propias obras del autor, siempre dadas a poder ser interpretadas desde diversos ángulos. En no pocos de esos textos universales asoma el otro Cortázar, a veces la parte oscura, en ocasiones el lado obsesivo y recurrente de un hombre hipersensible y complejo. Como buen escritor, Dalmau sabe ir más allá del texto, perforar el subsuelo del inconsciente para delinearnos a un Cortázar poco divulgado y nada debatido. No obstante, no cae en el juego de hipótesis y suposiciones gratuitas, y contrasta toda su información con el testimonio de amigos muy cercanos al autor, y también a través de cartas propias y ajenas que se salvaron de la quema. Todo ello da como resultado una biografía excelente, magníficamente expuesta y escrita, en la que se nos aparece un Cortázar si no inédito sí inusual, un Cortázar con sus claroscuros, sus aciertos y sus fracasos. Un Cortázar, en definitiva, de carne y hueso.